COMPROMISO
Nuestra Visión.
Sin visión el pueblo sigue indisciplinado e insubordinado (Proverbios 29:18). El poder de anticipación de una medalla, disciplina al atleta y le da propósito y dirección. Por la visión de la gloria colocada delante de él, Jesús soportó la cruz (Hebreos 12:1-3).
Visión no solamente de la dirección, propósito y constrangimiento, pero también produce unidad. Sin visión hay división, visto que no podrán andar dos juntos si no estuvieren de acuerdo (Amós 3:3).
Una Iglesia gloriosa.
Nosotros creemos que Dios terminará lo que comenzó. La Iglesia NO es una reflexión tardía. Es Su propósito eterno. El Sr. dice: “Edificaré mi Iglesia…” (Mateo 16:18). En efesios 4:11-13 menciona que, Dios dio “apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a las santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe (…) a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”.
El Señor está preparando una Novia “sin mancha ni arruga”, una Iglesia gloriosa hecha de poderosos y más que vencedores, a través de que Dios se revela a Sí mismo al hombre. El Sr. no está volviendo para librar un remanente enfermo, flaco, derrotado, antes de su destrucción. Las Escrituras nos dicen que los cielos contendrán a Jesús hasta la restauración de todas las cosas, las cuales Dios ha hablado por los santos profetas, desde el principio (Hechos 3:21).
Antes de la venida del Sr. Sus enemigos serán primeramente puestos por estrado de Sus pies (Hebreos 1:13; 10:12-13; Salmos 110:1; Mateo 22:44). Dios está poniendo Su casa en orden, restaurando los ministerios. Nos está equipando para vivir como “más que vencedores”, no como meros sobrevivientes y está perfeccionando Su cuerpo (tornándolo maduro) para compartir Su vida, amor y poder con una generación perversa. Los mejores días de la Iglesia están por venir.
Nosotros creemos que Dios aumentará Su luz sobre nosotros (Su Iglesia), a medida que las tinieblas aumentan sobre la tierra (Isaías 60:1-2). A través del esplendor de Su gloria revelada sobre nosotros, el Sr. dice que atraerá al no creyente a Él!!! Nosotros, la iglesia, somos la nación de Dios, Su tesoro peculiar, Su sacerdocio real, datos para reconciliar un mundo caído con un Dios amoroso (2 Corintios 5:18-20).
Una cosecha mundial.
En Hechos 2:16-21, el apóstol Pedro, recientemente lleno con el Espíritu Santo, se volvió a la multitud y les explicó lo que ellos estaban viendo. Aquello era el cumplimiento de lo que había sido hablado por el profeta Joel: “Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne…”
Además de que el Sr. vino a acrecentar a la Iglesia, aquellos que se han de salvar (Hechos 2:47), históricamente ha habido tiempos de un derramamiento de la Gracia divina de Dios y de reavivamiento el cual está conmoviendo a las sociedades al rededor del mundo. Dios promete que “La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera” (Hageo 2:9) y que un avivamiento sin precedentes barrería la Tierra antes de Su venida “…mi gloria llena toda la tierra” (Números 14:21).
Además de que muchas señales marquen los tiempos, el Sr. dijo que no regresaría hasta que “…el Evangelio del Reino sea predicado en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14). Las Escrituras también afirman que en los últimos días “vendrán tiempos peligrosos” (2 Timoteo 3:1), que “…algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios” (1 Timoteo 4:1). Pero, gloria a Dios, porque cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia (Romanos 5:20).
En la medida que Dios derrama juicio sobre la tierra y conmueve todo lo que puede ser conmovido (hebreos 12:25-29), Su Iglesia se levantará, brillará y mostrará la gloria del Sr. (Isaías 60:1-2). Tal como los hebreos estaban seguros en el Arca de Noé durante el derramamiento de Su santo juicio, así será antes de que Cristo vuelva. La Iglesia no se “reformará en derrota” en la medida que los enemigos de Cristo (anticristos) presionan de todos lados.
No será una “gran solución” remover los santos cuando la tierra necesita más de nosotros. Grandes reavivamientos barrerán las naciones y multitudes vendrán a Jesús en estos últimos días. Verdaderamente, Su casa será llena (Lucas 14:23); dios nos creó para ser sal y luz.
Es claro que señales y maravillas poderosas acompañarán a la Iglesia, a medida que el Sr. confirma Su palabra. Estos no son tiempos de miedo y temor para el pueblo de Dios. Es el diablo que teme (Santiago 2:19), pues él sabe que su tiempo es corto (Apocalipsis 12:12). El infierno es el que está en problemas, no nosotros. Jesús está “sentado” esperando, no en pánico.
Este es el tiempo para que la Iglesia de Dios se levante y ataque las puertas del infierno y liberte a los prisioneros. Las puertas del infierno no prevalecerán contra nosotros. “…la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Sr. de la mies, que envíe obreros a su mies (cosecha global)” (Mateo 9:37-38).
Restauración.
Dios siempre deseo un lugar en el cual pudiese habitar con el hombre. En los tiempos antiguos, El se restringió a sí mismo a templos hechos de brea y piedra o a tiendas hechas por piedras de animales. La presencia de Dios era simbólica en el Arca del Testimonio y estaba oculta en estructuras hechas por las manos de los hombres. Con el rasgar el velo y resurrección del Hijo de Dios, el Sr. ha sido moldeado a una nueva estructura en la cual habita – la Iglesia hecha de piedras vivas (1 Pedro 2:5), en la cual todos nosotros ahora tenemos una parte importante. La Biblia declara: “No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Corintios 3:16). El Sr. ahora está edificando un “…edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Sr.” (Efesios 2:21).
Como miembros de esta iglesia gloriosa y como escogidos y llamados para ayudar a edificar, necesitamos comprender su estructura y fundamentos básicos.
(1) Jesús – El fundamento y principal Piedra del Ángulo.
Necesitamos reconocer que Jesús es el fundamento y principal piedra del ángulo (1 Corintios 3:11; Efesios 2:20). La Escritura declara que no debemos edificar sobre ningún otro fundamento a no ser Jesús. Si edificamos sobre otro fundamento, estamos edificando sobre el arena (Lucas 6:47-49). Jesús necesita ser Sr. de nuestras vidas, alianzas, relaciones y de nuestras Iglesias. Sino estamos edificando en vano.
Todo precisa pasar por el fuego del juicio de la justicia de Cristo y solamente aquellas cosas hechas en el Sr. permanecerán y serán galardonadas (1 Corintios 3:13-15). Si Jesús no es el Sr. absoluto, entonces estamos edificando nuestros propios pequeños reinos y no el Suyo.
Si Jesús no es el Sr. de todo en nuestras vidas, entonces el no es ni siquiera Sr., en nosotros.
Necesitamos continuar buscando la supremacía de Cristo en todo lo que decimos y hacemos.
No estamos centrados en la Iglesia o ministerio. Estamos centrados en Cristo.
(2) Restauración del individuo.
Si todo cristiano individualmente es una “piedra viva” en la Iglesia de Dios, entonces cada piedra necesita ser fuerte y saludable. Si edificamos con piedras defectuosas, como permanecerá la estructura? Cada cristiano fue llamado para ser transformado a imagen de Cristo (2 Corintios 3:18). El mismo Espíritu que levantó a Jesús de los muertos está trabajando para transformarnos en humildad, en fe, en amor y en todo lo que es el carácter de Dios. Como cristianos, nuestro caminar necesita ser saludable y siempre madurando hasta la madurez; tal como la palabra declara: “Sed perfectos como yo soy perfecto”.
Muchos elegidos de Dios están satisfechos viviendo solamente de leche, cuando Dios desea alimentarnos con carne. Es verdaderamente un proceso y no solamente algo que sucede de un día para otro. Nosotros necesitamos estar activamente buscando (Lucas 11:9-10) y no resistiendo o extinguiendo el Espíritu de Dios en nuestras vidas. Nuestra comida debe ser hacer la voluntad del Padre (Juan 4:34). En Cristo, nos ha sido restaurado mucho más de lo que perdimos con Adán.
(3) Restauración de la familia.
Dios, como Padre, está edificando una familia mundial (la Iglesia). La familia es la viga, no solamente de la Iglesia, sino de toda sociedad. La palabra de Dios repetidamente menciona la importancia de una familia con relaciones saludables y verdadera unidad.
Efesios 4 y 5 nos hablan del orden de Dios en el hogar, de la sumisión y amor, del respeto y la paciencia. En estos últimos días poderosas fuerzas satánicas están en acción para conmover y destruir este aspecto vital e importante de la iglesia viva de Dios. Papeles cambiados, hijos rebeldes, problemas sexuales, son algunos de las asechanzas del diablo (Efesios 6:11). Los santos de Dios precisan estar alerta en relación al plano de Dios para la familia y de los engaños de Satanás para parar ese proyecto. Nos vamos a unir con el Espíritu de Dios en la edificación de familias fuertes, en el Sr. Vamos a declarar como Josué declaró: “…Yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15).
(4) Restauración de relaciones de alianza.
Relaciones de alianza son el próximo paso en la edificación de la casa de Dios. Las Escrituras mencionan: “Donde dos o tres estuvieren reunidos en mi nombre, ahí estaré yo en el medio de ellos”. A medida que estudiamos los registros de la Iglesia neo-testamentaria, vemos q los santos no cesaron de juntarse en los templos y de casa en casa (Hechos 2:41-47; 5:42).
En una congregación local, independientemente del tamaño, se torna casi imposible caminar en una entrega y relaciones allegadas con todos los miembros. Con todo, es posible tener grupos de familias y amigos caminando en lazos profundos de confianza y prestación de cuentas dentro de una congregación. Estos no son facciones de cristianos, pero si pequeños grupos de creyentes con vidas transparentes que se corrigen, exhortan y se incitan mutuamente en la carrera espiritual que todos precisan correr. (Hebreos 12:1-2).
Muchos, en realidad, no se han descubierto a sí mismos, para los otros, de este modo. Caminar en forma allegada con hermanos y hermanas puede, a veces ser difícil, pero no faltarán oportunidades o situaciones en que el orgullo, egoísmos y otras impurezas vendrán a la superficie mostrando la necesidad de limpieza. Muchos evitan relaciones allegados con otros porque no pueden explicar algunos comportamientos que van en contra de lo que dicen las Escrituras. Ellos saben que tarde o temprano, sus vidas se tornarán lo suficientemente transparentes, posibilitando así que los otros vean su contenido.
(5) La Iglesia local.
“Todos los que han creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón.” (Hechos 2:44-46).
La Iglesia primitiva no sólo se encontraba de casa en casa, también corporativamente. Estas reuniones congregacionales, permitían que las dinámicas, del ministerio corpóreo funcionasen dentro de la Iglesia, sobre la supervisón de los presbíteros y equipos ministeriales (Efesios 4:11). Todo el cuerpo “convenientemente ajustado” y todos los miembros cumpliendo su parte, permite al cuerpo edificarse a sí mismo y crecer en amor (Efesios 4:16).
El gobierno de la Iglesia local da la necesaria protección, visión, dirección y corrección para que el cuerpo funcione en forma adecuada. El presbiterio es “apuntado”, no de forma democrática, a través de votaciones. No es una democracia, sino una teocracia.
En hechos 4:32-35 vemos el poder de la vida de la Iglesia local. Era el corazón y el alma de la multitud de los que creían- las necesidades eran suplidas; la resurrección del Sr. Jesús fue demostrada con gran poder; en todos ellos había abundante gracia y Dios los acrecentaba en número.
1Corintios 14:26 esclarece la vida de la Iglesia local, en la medida que los santos se juntan corpóreamente: “…cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación”.
Necesitamos aprender a vivir y movernos, no como “músicos individuales”, sino como “músicos de orquesta”, trabajando y fluyendo juntos de modo que produzcamos un sonido agradable a Dios.
(6) La Iglesia de Ciudad
Dios sólo reconoce una Iglesia en cada Ciudad. Las epístolas de Pablo fueron escritas a la Iglesia (singular) de Corinto, Efeso, Filipos, Galacia, Colosas y Tesalónica, estás Iglesias de ciudad eran compuestas por millares de creyentes que se reunían en los templos, sinagogas y casas, pero eran una sola Iglesia unida ante los ojos de Dios. Pablo reprendió la iglesia de la ciudad de Corinto por su carnalidad e inmadurez, porque ellos estaban permitiendo la entrada de la división y contienda (1Corintios 1:10; 3:1-6).
Ya pasaron 2.000 años y sólo los nombres cambiaron. En vez de Apolos, Pablo, Cefas o Cristo, la misma inmadurez divide nuestras ciudades en grupos denominacionales o en sectores. Pero sólo hay un verdadero remanente, una Iglesia verdadera y que trasciende todas las barreras que el hombre levanta. El señorío de Jesucristo es el fundamento.
El Sr. está trabajando en esta hora con una espada en la mano, para separar lo verdadero de lo falso, las ovejas de las cabras, el trigo de la cizaña. El Sr. Jesús continúa intercediendo por la unidad de Su cuerpo (Hebreos 7:25) y en estos últimos días., Dios levantará una Iglesia gloriosa y unida. Él puso todos los recursos necesarios del Reino, dentro de nuestras ciudades.
Todas las finanzas, habilidades y gracia necesarias para ganar nuestras ciudades para Cristo, han sido provistas. Es tiempo de unirnos en fe para que de nuevo podamos ver al poder celestial liberado sobre la Iglesia (Hechos 1y2).
(7) La Iglesia universal
(a) Finalmente, todas las Iglesias verdaderas de Dios, juntas, forman la “Iglesia” universal, que es el “Cuerpo”, siendo Jesús la cabeza (Efesios 1:20-23). Es la preciosa novia con quien el Sr. se unirá en las bodas del Cordero (Apocalipsis 19). Los santos de Dios, necesitan tener una conciencia del Templo del Sr. en su totalidad. Con esta finalidad, todos nosotros estamos trabajando para presentarle a Cristo una Novia sin mancha ni arruga (Efesios 5:27).
Establecimiento del Reino de Dios
Toda la autoridad gubernamentales ordenada y establecida por Dios (Romanos 13:1-7). O sea en la institución de la familia, de la Iglesia, de las autoridades civiles o de comercio, Dios es el consumador de nuestra fe. Fue Dios quien comenzó todo el trabajo en la altura de la creación (Génesis 1:3). Él estableció los principios del gobierno civil y para el propio Jesús, para edificar Su Iglesia (Mateo 16:18). “Del Sr. es la tierra y su plenitud” (Salmos 24:1).
Desde el principio, Dios reveló Su propósito al crear al hombre. Le dio dominio sobre toda la creación y le delegó autoridad para gobernar y reinar sobre toda la tierra. Fuera de que ese gobierno fuese temporariamente perdido a través de la queda del hombre -Adán- fue nuevamente restaurado por un hombre -Jesucristo- (Romanos 5:12-21).
Jesucristo es ahora el Rey de reyes (terreno) y Señor de señores. Su reino es una extensión de Su majestad. Él comenzó Su ministerio terreno predicando el evangelio del reino.
Hasta hoy, éste evangelio está en funcionamiento, a través de la Iglesia, para traer salvación al hombre caído, para traer los principios de gobierno de Cristo a las instituciones de las sociedades ordenadas por Dios, y traer la autoridad de Cristo contra los espíritus rebeldes (Mateo 28:18-20).
En otras palabras, estamos aquí para implantar el Reino de Dios. No tenemos una mentalidad de “escape” sino de “Venga a nosotros tu Reino, hágase Tu voluntad”.
En Efesios 1, el apóstol Pablo ora por nosotros, para que recibamos la revelación de la “herencia de los santos”. Es un placer del Padre darnos el Reino. Nosotros somos coherederos con Cristo (Romanos 8:17) y nuestro destino reposa en el hecho de gobernar el reino con Él, sobre las naciones (Apocalipsis 1:6; 3:21; Lucas 22:28,29; 2 Timoteo 7:14; Apocalipsis 21 y 22).
Obispo Ricardo Paixão de Oliveira
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